Mendiel

La Chica del Calendario


Un día más que amanece frío, el café de la mañana del pequeño restaurante me despierta de mi modorra. Miro como el vapor caliente que sale de la taza se va elevando hasta unirse al vaho de mi aliento. Sigo la estela de aquel vapor húmedo hasta rebotar contra la pared, contra su foto. La chica del calendario me miraba fijamente, femenina y coqueta,

sus ojos me envolvían en un mundo inexistente, donde ella se fijaba en mi. Su espalda desnuda me indicaba el camino al cielo y sus labios rojos la entrada a el. Le devuelvo la mirada, como lo hago diariamente y termino mi café mientras la admiro.

Hora de ir a la oficina, dejo el pago sobre la mesa dispuesto a irme y salgo por la puerta giratoria. 

- ¡Pero que torpe! Disculpe señorita, no la vi, iba distraído, no se agache, yo recojo sus cosas.

- Muchas gracias caballero, no se preocupe, ya no hay muchos hombres que se detengan a disculparse.

Me levanté entregándole sus cosas, la chica del calendario me miró una vez más, pero esta vez, me sonrió.

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