Mendiel

Compartiendo escritos sin osar llamarme escritora.

Noticias y comentarios personales

Duerme mi niño

Escrito por Mendiel 18-05-2015 en colgar. Comentarios (2)

Mi niño hermoso, duerme mi bien,

debo cubrirte, taparte bien

Estás muy quieto mi dulce amor

¿No sientes nada mi adoración?

No abres lo ojos y no te mueves

Ven a besarme, por compasión.


Entra tu padre a la habitación

Llora gritando, se abraza a ti

Te aprieta fuerte, contra su pecho

Su rostro, en llanto, está deshecho.

Abres los ojos, al fin mi niño

Lloras jadeando pegado a él.


Quiero acercarme a consolarlos

Mi hijo me mira, horrorizado

Aun la cuerda, me cuelga al cuello

Aun mi lengua, cuelga babeando

Aun de la viga, estoy colgando.

El Libro

Escrito por Mendiel 07-05-2015 en diablo. Comentarios (1)

Ascendí a la tierra fría al escuchar aquel llamado suplicante. En su voz se sentía la agonía de la desesperanza, la angustia de la última salvación, la plegaria final antes de la total oscuridad.

Las paredes de piedra del templo lo sumían más en las tinieblas. A lo lejos las voces del canto de los monjes rebotaban en los estrechos pasillos que conducían a la celda más oscura,  lejana y olvidada del monasterio. Sólo reservada para aquel culpable del crimen más execrable y asqueroso que existiera. Ese era mi destino, aquel desdichado era ya un muerto en vida ¿que más podía ofrecerme que su propia alma a cambio de su insignificante vida? El averno estaba lleno de basura humana como él.

Tomé la antorcha que colgaba fuera de la puerta de su prisión y me presente frente al condenado monje.

- "Rey de las tinieblas"- bramó echándose a mis pies con la mirada en el piso- " Salvadme de mi infausto destino, arrancadme de mi lóbrego castigo, emparedadme quieren esos impíos sino cumplo con lo que les prometí para salvar mi vida. A cambio le daré mi alma ya que otro bien no poseo, seré su fiel esclavo al llegar a su reino cuando me toque la hora aciaga"- lloriqueo el desdichado.

Me dijo lo que deseaba el infeliz, fue fácil complacerlo. Todo el conocimiento del mundo estaba en ese libro, ninguna falla podía ser encontrada, el manuscrito era de un arte insuperable y las letras brillaban por la tinta usada en ellas. Como última condición a la creación de aquella obra, estampé mi magna figura en una de las páginas de ésta para recordarles quien era el autor y se la entregué.

Desaparecí de su vista pero no del lugar. Me quedé mirando el desenlace de la historia del monje negro. Llegaron los otros monjes quedándose estupefactos ante la obra maestra frente a sus ojos, sentí orgullo de autor y seguí observando. Afuera se escuchaban gritos de alguna bruja siendo quemada, el olor a carne chamuscada llegaba a mi, llenándome los sentidos. 

Los monjes llevaron el gran libro al abad del monasterio, el monje negro respiró aliviado al ver su vida salvada pero ¡ay del que en el destino traicionero confía! Lo agarraron entre varios, empujándolo al hueco de una de las viejas paredes del claustro, lo amarrararon y no se conmovieron de sus súplicas mientras levantaban una pared que lo cubría.¡ Ah malditos monjes! Sentí tanta satisfacción al sentir que tendría aun muchas almas para llenar el infierno.

Inerte

Escrito por Mendiel 04-05-2015 en cuerpo. Comentarios (0)

Recorrido de tu sangre

Que formó tu cuerpo inerte

Ríos de vital bermejo

Que delineó tu figura,

Corren las gotas sinuosas

Por cada curva que veo

Y mi cuerpo se provoca

No restrinjo mi deseo.

Me acerco a tu cuerpo muerto

Beso tus formas sin vida

Mis manos arden corriendo

Mojándose en sangre viva.

Olvido un momento antes

Yo mismo arranqué tu vida

Para que seas mi reina

En el reino de la muerte

Al cual estaré llegando

A manos del mismo estoque

Que cegó tu luz vital,

Ahí nos reuniremos

En el cielo o el infierno

Se unirán nuestras entrañas

Creando un ser inmortal.

La Mano

Escrito por Mendiel 02-05-2015 en mano. Comentarios (0)

Una vez más paso por esa calle de altas paredes,una de las más antiguas de Lima. Data de la época colonial, de cuando los españoles gobernaban estas tierras. La pared era tan alta que parecía una fortaleza, era totalmente lisa, salvo por una pequeña ventana en lo alto de ésta. Las calles estrechas daban la impresión de estar pasando entre dos cerros y la escasa iluminación la hacían aún mas misteriosa. 

Mi abuela siempre me decía que no pase por ahí, que los jóvenes en edad casadera no deberían caminar por esa angosta calle. 

En la época de la colonia española vivía en esa casa, que parecía un fortín, un noble español viudo con una hija muy buenamoza, con rizos negros que caían ondeando sobre sus incipientes pechos y unos ojos que la misma luna no igualaba en brillo, la niña era más hermosa que el mismo amor y tesoro de su padre del cual era su única familia.

El padre anhelaba para la joven el mejor casamiento y siempre andaba en busca del pretendiente ideal, a los cuales la niña hacia desprecios por viejos, amargados, avaros o feos como lengua de suegra.

La joven sólo podía salir a dar un paseo en la tarde acompañada de su ama y aprovechaba para ver a la urbe limeña en todo su movimiento, ya que Lima era la Ciudad de los Reyes, llena de mercaderes, vida y el jolgorio de la juventud limeña. En uno de sus tantos paseos, como es de suponerse y como Dios manda a la edad de merecer, conoció a un joven caballero de buen ver que se fue ganando su confianza cada tarde y la de la nana que era comprada fácilmente con Empanaditas dulces y Suspiros de Limeña.  Los jóvenes caminaban en la plaza durante el tiempo que la joven tenia y regresaba a casa a refugiarse en su dormitorio con los vívidos y alegres recuerdos de las palabras del joven por el cual ya su corazón palpitaba como el caballo más encabritado.

Las tardes transcurrían así, tranquilas, templadas, con las hojas del otoño cayendo a los pies de los jóvenes amantes, cuando no faltó una vecina, de esas típicas cuervas de convento que se golpeaban el pecho si olvidaban un padrenuestro mañanero pero que mal hablaban del vecino, que se acercó al viejo noble para comentarle en que andanzas estaba la niña. 

El padre encolerizado esperó a la jovencita esa tarde y tras llenarla de todos los improperios conocidos para ella y la nana, envió a la virgen a su dormitorio con la promesa que no saldría más hasta que contrajera nupcias con quien a él le pareciera. La niña bañada en lágrimas y desesperanza se consumía en su dolor pensando en el vejestorio que le tocaría como marido y las babas que tendría que limpiar del veterano. Pero su joven enamorado lejos de abandonarla se montaba a una alta escalera para poder hablarle por la pequeña ventana que tenia el cuarto de la joven y por la cual ella sacaba su pequeña mano para avisarle que su padre ya dormía y podían conversar en paz. 

Tras meses de esta manera furtiva de verse, el jovenzuelo, temeroso de que su amada se casase por orden del padre, decidió hablar con éste y pedir la mano de la tierna joven formalmente convencido de que doblegaría al padre con el gran amor que le profesaba a su hija y sus ganas de salir adelante con su trabajo de periodista de la Gaceta de Lima.

El padre, como todos suponemos, le dio forata al caballero, acusándolo de pobretón y poca cosa para la hija echándolo de la casa sin ningún respeto.

La linda niña al escuchar la respuesta del padre salió corriendo de la habitación increpándole su negación, se acercó a el golpeándole el pecho como una posesa e injuriandolo con palabras de grueso calibre, a lo que el padre reaccionó con un golpe en el bello rostro que hizo que la beldad cayera al piso. Ay! Con tal mala suerte que golpeo su cabeza con una mesa de madera desnucándose al instante.

El viejo gritando de dolor y culpa se jalaba los cabellos y desgarraba sus ropas viendo como la sangre de la muchacha teñía el piso de madera del salón. Salió como el mismo demonio buscando al causante de su reacción por las oscuras calles llenas de niebla. 


Desde entonces, se dice, que en las noches limeñas, cuando el sol se hunde en el oceano y el viento sopla las hojas de los árboles, una delicada mano sale a través de la alta ventana buscando al amante añorado en cualquier joven que pase por el lugar de su último descanso.

Esta vez fui yo, desoyendo las palabras de mi abuela, pasé confiado por la estrecha calle, mirando hacia la pequeña ventana de las leyendas pero ninguna mano se asomó, ninguna niña llamaba a su eterno amor, la bruma que me envolvía solo era producto de la humedad de junio y no de un ambiente espectral.

Salí de esa calle al fin y seguí mi camino para toparme de nuevo con la misma delgada callejuela como si caminara en un circulo sin fin, algo en mi me hacia mirar nuevamente la alta ventana esperando la mano avisora, nunca llegaba, la bruma me envolvía y comenzaba el mismo camino nuevamente. 

Siglos después, aún sigo caminando, observando, esperando su pequeña mano que nunca aparece, su pequeña mano que me daría al fin la libertad de subir a hablar con ella desde esa alta escalera que nos unía unos minutos que se nos hacían una eternidad. 


Pájaro Negro

Escrito por Mendiel 26-04-2015 en pajaro. Comentarios (0)

El pájaro negro se posó en su nuca picoteandola, ella lo espantó al sentirlo. Era pequeño y delgado, su plumaje de un negro profundo lo hacia relucir en el paisaje opaco del invierno.

"Mátalo, mátalo" gritaba la vieja desdentada "mátalo antes que se vaya, si no lo haces, tu hermana morirá joven, ese pájaro es el precursor de la muerte!!" chillaba la anciana.

Mi hermana y yo nos fuimos del lugar sin hacerle caso a la vieja y sus historias. Nos alejamos corriendo de ella mientras escuchábamos su voz ir desapareciendo "mátalo, ella morirá joven".

Nos miramos riéndonos y llegamos a la casa jugando, olvidándonos del asunto del pájaro y así seguimos nuestra niñez y luego, cada uno, nuestras vidas.


Años pasaron para volvernos a ver. Yo iba a visitarla al hospital donde estaba internada de una extraña enfermedad que consumía y licuaba sus órganos por dentro, sus líquidos vitales, incluyendo su sangre, brotaban por cada cavidad que poseía. Verla horrorizaba, su piel plomiza acentuaba más el hundimiento de sus ojos sobre una piel teñida de los surcos que dejaba la sangre al escurrir por sus ojos, fosas nasales, boca y oídos. Nadie imaginaria que solo tenia 21 años.


La visité hasta el último día de su vida. Esa mañana llegué a la llamada desesperada de mis padres, ella ya se estaba despidiendo como solo lo saben hacer los moribundos. Tomé sus manos, tan pequeñas que se perdían en las mías, las bese sonriendole, me devolvió una leve sonrisa con todo el amor reflejado en sus ojos y cerró los ojos con una exhalación profunda. Lloré sobre su pecho, inconsolable y deprimido, mi pecho agitado por el llanto, no me dejaba escuchar más que mis propios gemidos de dolor. Cuando escuché los golpes en la ventana, eran golpes seguidos e insistentes. Levanté la mirada buscando su procedencia, cual no sería mi espanto al ver al causante de los golpes.


Era un pequeño pájaro negro, pequeño y delgado que picoteaba la ventana llamando mi atención. Recordé a la vieja y su advertencia, me maldije por no haberlo matado cuando pude y me abalancé sobre el. Chilló con un sonido agudo y se alejó volando a pocos metros de mi.

Pasaron días desde su muerte. Ninguna de las noches concilié el sueño. Los ojos amarillos del pájaro me seguían y su graznido no me abandonaba en ningún momento. La falta de sueño ya se me iba notando en mi físico, mi debilidad y mi falta de concentración. Los ojos del ave aparecían gigantes ante mi persiguiendome en caminos oscuros y sin fin mientras su chillido perforaba mis tímpanos convirtiéndose en una voz rasposa "mátalo, mátalo!"


Mis días pasaban ahora entre las paredes blancas y acolchadas de mi cuarto, no habia pasado ni un año de su muerte. Salía a caminar una hora por los jardines de la institución, era un paciente "francamente en recuperación", ya podía pasear solo. 


Unos agudos picotazos hirieron mi nuca, golpeé fuertemente con la mano al culpable, el pájaro me miro agónico desde el pasto graznando con ese sonido agudo que me había perseguido todos esos meses: " los gemelos corren la misma suerte" fue lo último que escuché antes de que los latidos de mi corazón ya no se oyeran.