Mendiel

Compartiendo escritos sin osar llamarme escritora.

Noticias y comentarios personales

Consulta Psiquiátrica

Escrito por Mendiel 25-04-2015 en locos. Comentarios (0)

Sentado aquí esperando mi consulta con el psiquiatra, me aburro mirando el techo blanco del hospital. Saco las cosas que encuentro en mi bolsillo para entretenerme: pelusa, un boleto del bus, mi monedero casi vacio y un recibo de pago de la consulta que dice "4", es mi numero de turno, osea que soy el cuarto loco que escuchara el doc. Es una buena noticia, no me recibirá muy cansado. Alrededor mio, cinco seres insanos como yo completan mi grupo de espera. Las personas van y vienen por el hospital y al llegar a esta área se alejan un poco de las sillas de espera cerca al cartelito blanco con bordes negros que dice "Psiquiatría", seguro piensan que nos lanzaremos sobre ellos para comernos sus cerebros. Pero es que no somos zombies, solo estamos locos!!!

Me llaman para pesarme mientras llega el galeno, no le encuentro sentido, ¿tal vez el cerebro de un ente sano pesa menos o mas que el nuestro y nos quieren comparar?

Definitivamente el nuestro debe pesar más, la masa encefálica de nosotros, pobres orates, esta llena de mundos, de lugares, animales y seres imaginarios, según todos, que viven en nuestra materia gris y que, en la mayoría de veces, se mudan sin aviso entre nuestro lobulo temporal y parietal, no hay lugar mas cómodo. Así que debe tener más peso con todos esos inquilinos.

Al fin llegó el doc, tiene más canas que la última vez y eso que lo veo seguido, debe ser de tanto escucharme.

Entro al consultorio después de escuchar mi nombre en la sonora voz de la enfermera y con desgano me siento en una silla marrón de fierro. 


-"¿Cómo esta usted Diego?" escucho apenas me siento. 

-"Bien, bien" respondo sin siquiera ser mirado. 


El doc mira la pantalla de su portatil MAC plateada mientras me conversa sin verme. Me pregunto si los bordes de esa maquina tan delgada serán tan finos como para funcionar como una guillotina si se le presiona con la suficiente fuerza. La enfermera, sentada detrás de mi en una pequeña mesa de madera, como una automata, toma nota de todo lo que digo.


-"¿Qué te dicen tus voces internas?¿aún esta Siete ahí?" me pregunta pensando que soy un traidor y que acusaré a mi querido gato. 

-"No, el ya no está, se fue hace mucho, pero dejó a Veintidós, no quería que quedara desamparado" contesté asegurándome que él sepa que Siete era lo suficientemente generoso y cuerdo para un acto así.

-"Mmm" expresó "¿Que clase de ser es Veintidós, quizás otro gato?" inquirió. 

-"Así es, es usted muy intuitivo, Veintidós es mayor que Siete y mas peludo.....y es blanco".

-"Blanco....seguro da muy buenos consejos ¿no es así?" me mira interrogando. 

-"Todavía no me habla mucho, salvo con una idea que me acaba de dar sobre su laptop" sonrío "el a veces trae un amigo y corren alrededor".


No se porque desde niño me traen siempre con el mismo doc y me hace casi las mismas preguntas. El conoce bien a Siete, a Viernes y ahora a Veintidós. Cada sesión me pregunta más detalles sobre lo que me dicen mis voces y quiere que desmenuce cada idea. A veces pienso que lo goza.

El galeno abre sus ojillos brillantes e interesados.


- "¿Y que idea te ha dado Veintidós sobre la laptop, cuéntame sobre ello" comienza a preguntarme. 

-"Solo son cosas de él, le llamó la atención su delgadez y los bordes que parecen hojillas" le respondo aburrido.

-"Interesante, y que pensaba sobre ella, ¿qué era filosa quizás?¿qué podía cortar algo?" se me acercaba cada vez más sabiendo que no me gusta la proximidad de nadie 

-"Si, ¡una cabeza!" le respondí casi gritando, cansado de sus indagaciones,  al mismo tiempo que me levantaba de la vieja silla y lo empujaba, callendo él al piso, indefenso. Me acerqué y al pasar junto a el, lo pateé antes de salir del consultorio dando un portaso.


Al tercer paso fuera de ahí, escuché un grito ahogado y un golpe seco, miré hacia la puerta del consultorio que se iba abriendo, una mancha de sangre chorreaba desde el vidrio de ésta hasta el piso, el buen doctor aparecia ante mi con la delgada MAC ensangrentada en sus manos, mientras la cabeza de la enfermera de voz sonora rodaba chocando contra mis pies.


Astronauta

Escrito por Mendiel 23-04-2015 en astronauta. Comentarios (1)

La nave nodriza se quedo fuera de la atmósfera, nuestro pequeño cohete descendió como decenas de otros en diferentes zonas del tercer planeta.

Mis progenitores me dejaron bajar con ellos así como a mis 37 hermanos y hermanas, eramos la familia promedio de Kropus, mi hogar.

Siempre fui aventurero a pesar de mi corta edad, apenas 206 gruples, fui descubriendo esa superficie seca y monótona, todo era del mismo color, sólo se diferencia en que hay lugares que suben y bajan como montículos grandes. 

Mis hermanos corrían en grupo, yo preferia explorar solo. No estaríamos por mucho tiempo, les tomaba, a mis padres,  solo unas horas recoger las muestras que necesitaban.

Subí como pude el montículo más grande que encontré para ver como se veía ese mundo desde lo alto. 

La gran bola incandescente brillaba muy fuerte en ese extraño cielo azul, me cegaba mientras bajaba de donde había subido. Mi bota resbaló y  rodé golpeando mi casco con una parte muy dura de esa tierra.

Abrí los ojos, el extraño cielo azul se había convertido en un aún más extraño cielo anaranjado, me incorporé como pude, el casco no se había roto y podía respirar, tenia reserva para unos días más. Me apuré en buscar a los míos, no se quedarían por mucho. Caminé lo más rápido que esa atmósfera me permitía.

Nadie! Ninguna nave! Ninguno de mis hermanos!

¿Qué haría ahora? ¿Cuando se darían cuenta de que faltaba?¿lo harían?

Me quedé en el mismo sitio esperando, mirando las diminutas formas de vida que encontraba arrastrándose. 

El cielo se puso oscuro por un tiempo para volver a ser azul. Seguí esperando, el cielo se oscureció y aclaró dos veces más. Tenía que hacer algo para que me encontraran cuando  pasaran nuevamente por ese planeta azul.

No dibujaba muy bien pero hice lo posible, creo que podrán verlo desde el cielo.

Tres cambios más del color del cielo. Me cuesta respirar. Mis ojos están secos, trato de que mis pensamientos lleguen hasta cualquiera de mi especie, creo que no vieron mi dibujo.

Me acostaré, mis cortas piernas estan cansadas y mis grandes ojos me pesan, es raro, todo se esta poniendo oscuro antes de lo usual, casi no respiro, descansare, sólo espero que pasen antes de que mi dibujo desaparezca, los dibujos no duran para siempre.

Prontas Fiestas

Escrito por Mendiel 23-04-2015 en decoracion. Comentarios (0)

En la noche de año nuevo

El nuevo siglo nació,

Y esta fiesta se alegraba

Con música, baile y pasión.


Ningún ser sobre la tierra

Escapaba del festín,

Los vivos van bailoteando

Y los muertos van penando.


Los vivos cuelgan guirnaldas

A cual más alegres mil,

Y en las casas se cocina

Pavos, carne y perejil.


Los muertos los ven de lejos,

Confundidos entre ellos,

Ellos también decoraban

Con lo poco que encontraban.


Uno de estos esperpentos,

En una forma especial,

Decoraba la alta cerca

Alrededor de su hogar.


Colgaba largos pedazos

De piel recién arrancada,

Y las cabezas clavaba

En las puntas que quedaban.


Las tripas se suspendían

Entre madero y madero,

Las cuales se sostenían

Entre pies, manos y dedos.


La sangre que destilaban

Terminaba el ornamento,

Entre cuerpos empalados

Vivos no por mucho tiempo.


Y así miraba orgulloso

El decorador sin vida,

Era la decoración

De un vampiro empalador.


Leguleyo

Escrito por Mendiel 23-04-2015 en diablo. Comentarios (0)

Don Anastasio Mendiola era por épocas de la colonia española un leguleyo reconocido en Lima, así, versaba de mucho conocimiento sobre temas legales, más era su viveza criolla su mayor talento.

Don Anastasio no había sido favorecido al repartirse la belleza, pues era él bajo de estatura, entrado en carnes y más feo que maldición.

A pesar de ello, estaba enamorado locamente de Aurorita Villegas, una hermosa limeñita de veinte abriles, linda como la primavera, a la cual le triplicaba la edad.

Confiado en su conocido renombre, se atrevió a confesarle su amor a la mocita, la cual lo despreció riéndose cruelmente. El pobre sexagenario regresó a su hogar más encolerizado que abatido, jurando un día, hacerla su esposa.

Cuál no sería la sorpresa de la sociedad limeña al ver, a la semana siguiente, al viejo verde caminando orgulloso del brazo de Aurorita, su flamante esposa. La niña se derretía en cariños y alabanzas hacia su decrépito cónyuge. Lo atendía con todo el amor de la más devota esposa.

Todos, en Lima, indagaban a este disparejo matrimonio sin encontrar alguna situación extraña en la pareja.

Mas al cumplirse el año de esta unión, Aurorita salió corriendo horrorizada y deshecha en llanto de la casa matrimonial para ya no regresar.

Su primo, Antonio Villegas, intrigado por este echo, llegó a la casa de los esposos, ya muy entrada la noche, para encarar al tinterillo, pero al llegar, vio que éste salía presuroso. Lo siguió hasta un terreno baldío alejado de la ciudad y se escondió entre las sombras de los arbustos.

A los cinco minutos, la tierra, delante del viejo Anastasio, se abrió, saliendo de ella un brillo resplandeciente y lenguas de fuego. Del hueco ardiente, emergió el mismísimo Lucifer que acercándose al tinterillo, le habló:

- "Que puntual sois Don Anastasio, ¿ya tan pronto quereis entregar tu alma?"dijo el diablo mirándolo burlón.

- "Un contrato, es un contrato vuesa merced cornuda, vengo a pagaros mi deuda entregando mi pobre almilla por este año inolvidable que me dio a cambio de ella" dijo el leguleyo comenzando a desvestirse.

- "No se desvistáis viejo que bien puedo llevármelo así vestido al averno" pensó el diablo regocijado en que el hombre despreciara tanto su alma, que la llamara almilla.

-"No es posible pagarle sino me desvisto" insistió el don, terminando de sacarse la última prenda, una camiseta vieja y surcida la cual entregó al demonio que lo miraba sorprendido.

-"¿Qué le pasa vejete? ¿está loco? ¿qué haré yo con este harapo?" replicó acercándose para llevárselo.

- "Disculpe su diableza, pero con esto queda saldada mi deuda con usted. Si lee el contrato que fue revisado por ambos y firmado con sangre, dice claramente que yo le entregaré mi almilla en un plazo de un año por los favores recibidos"

Hizo aparecer el contrato de entre sus dedos el molesto demonio y efectivamente decía que le entregaría su almilla a cambio. Se sabe que Lucifer a pesar de ser el ser más corrupto que existe, respeta y cumple con los contratos por almas, pues si no fuera así, nadie más se la ofrecería a cambio de favores.

Satanás tomó la vieja prenda a regañadientes y regresó por donde vino llenando de insultos y maldiciones al tinterillo que se vistió y regresó triunfante a su casa.

Detrás de los arbustos, Antonio, sonrió recordando que almilla se le llamaba a la camiseta interior que se llevaba debajo de las prendas diarias.

Regresó a la ciudad habiendo resuelto el misterio del matrimonio de Aurorita y sabiendo porque desde ese día los abogados no entran al infierno.


24 horas

Escrito por Mendiel 17-04-2015 en diablo. Comentarios (0)

El noveno circulo del infierno, una vez más encadenando a los condenados de los tobillos para poder hundirlos en el agua hirviendo hasta morir. De nuevo resucitarlos para volver a cocinarlos.

Así pasa la eternidad en el averno, entre gritos de agonía, ruegos de piedad y recibir almas condenadas que no dejan de llegar.

Tendremos que invadir el purgatorio dentro de poco para poder expandirnos o crecer verticalmente como las grandes urbes. Pero Lucifer es codicioso, como puede esperarse del demonio, y no perdona a ningún alma impura, sigue recibiéndolas por miles.

Es bueno estar entre sus demonios favoritos, tengo algunas concesiones, puedo despellejar primero a los soberbios o cambiar a sacarle los ojos a los orgullosos, amo las cuencas vacías, la sangre que baña el rostro mientras mis uñas se hunden en los globos oculares, a veces reventandolos, a veces sacándolos enteros ,la diversión es la misma, saltan como pelotitas entre mis pezuñas cabrinas.

Hoy iré a recibir un nuevo embarque, supongo que lo de siempre, políticos, abogados, asesinos, violadores y otros animales que nos mantienen en vigencia.

Lucifer mismo les da la bienvenida y van llegando, los látigos desgarran sus pieles en el camino de entrada. Entre los cuerpos retorcidos y los aullidos, Lucifer escoge tres almas malditas para su harem. Dos jóvenes y una damisela. Los veo retirarse desde lejos. 

Dividimos a los pecadores y los llevamos a los circulos correspondientes. No es un trabajo fácil, hay algunos que merecen variedad de castigos, estamos implementando el sistema múltiple para estos casos. 

El balance de hoy fue bueno, llenamos casi todos los niveles. Le llevo los libros al jefe para que los vea. Ahí lo encuentro, degollando cuerpos con los dientes de sus varias cabezas, los restos se retuercen al caer al piso en una danza macabra. Mis pezuñas manchadas de sangre fresca y coagulada marchan hacia el.  A su derecha, demonios menores, sodomisan a uno de los jóvenes escogidos mientras Satán mira y engulle cabezas. El otro joven no resistió mucho, esta colgado boca abajo con las piernas abiertas y partido desde los genitales hasta el pecho, la penetración debe haber sido bestial, ahora a esperar que resucite para comenzar de nuevo. 

Me acerco y dejo el libro entre los huesos que fungen de escritorio, las paredes de flamas dejan ver cuerpos quemándose eternamente, parece un ballet infernal por lo lento de sus movimientos. 

Estoy a punto de salir del salón cuando traen a la damisela desnuda, una cadena en su cuello elimina su libertad, el tatuaje de un ancla y pájaros volando en su pecho crean una discordia entre las ideas que expresan esos dibujos.

Me mira al pasar con ojos oscuros como mi alma, sin miedo, sabiendo que ese es su lugar. La encadenan entre dos columnas y el Señor del Averno se levanta de entre la masa de cuerpos mutilados y se acerca a ella para pasar sus largas uñas por cada parte de su cuerpo. Una de sus uñas se detiene entre las piernas abiertas de la mujer que no baja la mirada, solo una mueca de asco se le dibuja en el rostro al ser penetrada por los sucios dedos del mismo Belzebu. Éste se ríe ante tal afrenta sabiendo que podría sacarle, ese mismo dedo que la penetra, por la boca pero la diversión se acabaría rápido. 

Salgo del salón mientras escucho sus gritos ahogados por la lengua de Satán mientras látigos tejidos de piel humana revientan su piel a cada golpe.

Otro día, nuevos martirizados me esperan, aunque acá no hay tiempo, yo cuento las 24 horas humanas, no se, una costumbre antigua que aun conservo.

Paso por el harem, todas figuras revolcándose en movimientos sexuales, no se distinguen donde terminan y comienzan los cuerpos. Lucifer coje varios a la vez. Colgada a un lado, distingo a la chica del tatuaje discordante, esta inconsciente, me acerco a ver si es solo eso o esperan que resucite mientras follan su cuerpo muerto.

Levanta los ojos al verme , brillan como el universo mas oscuro. Me abro camino sacando a golpes a las bestias menores que la rodean. Me mira las patas de cabra, mi diferencia con los humanos, con curiosidad, no diría asco.

- Al menos corro mas rápido que muchos ¿Que hiciste para merecerte esto? -

No me contestó, volvió a bajar la cabeza que dejó colgando, su cuerpo tan sinuoso estaba casi en carne viva pero en mejor condición que los otros cuerpos alrededor. 

- Bueno damisela, voy a seguir mis labores - le digo mostrando mis látigos y pequeña hoz.

- Samara - escuche apenas, mientras me alejaba. Por alguna extraña razón me había dicho su nombre.

Muchas personas habían pasado por el harem antes de continuar a sus castigos eternos, jamás me había detenido a conversar con ninguna, tampoco importaba que hicieran con ellas o lo que yo mismo les hacia. Al contrario, cada grito, aullido, miembro mutilado y muñones sacudiendose eran una satisfacción para mi. 

Samara me miró, miro a mi oscura alma y se dio cuenta que eramos la misma clase de monstruo. Sin corazón, sin sentimientos, sin remordimientos, solo hechos para satisfacernos nosotros mismos con el sufrimiento humano. Era mi par.

Bien me dijeron cuando fui ejecutado : "Solo en el infierno encontrarás a tus pares" y mi cuerpo colgó balanceándose y retorciéndose como gallina decapitada frente a los padres de todos esos niños que me maldecían mientras mi alma mortal dejaba mi cuerpo y llegaba a mi lugar eterno. 

Pasaba la eternidad, Samara ya sabia mi nombre, aunque era impronunciable fuera del averno, ella lo tradujo como Mendiel. No se rendia a pesar de todas las vejaciones a la que era sometida. Ya habían víctimas nuevas en el harem, creo que ella no les haría falta, pero Lucifer es avaro, como cualquier demonio que se precie de serlo. Me preguntaba si se daría cuenta que ella faltaba.

Pasaron mis 24 horas contadas y llegue al salón de Luzbel pidiendo un refuerzo para el círculo noveno.

- Mejor una hembra - expresé sin emoción en la cara - son mas despiadadas - explique.

- Toma una antigua, las que ya están deformándose por estar aquí - contesto mirándome con sus ojos en llamas.

- Esas ya no tienen voluntad, necesito una que se satisfaga desollando, que se alimente con cada ruego, que llegue al frenesí bañandose en la sangre que ella provocará - me atreví a contradecir.

Lucifer rugió ensordeciendo a todo el averno, las paredes temblaron y todos los cuerpos se envolvieron en llamas incluyéndome, me tomó con dos de sus gigantescas manos y me partió a la mitad lanzando cada parte de mi lejos de él.

24 horas más pasaron, hora de resucitar como todos por aquí. Entendí que no obtendría lo que buscaba, tendría que conseguirlo yo mismo, pero ¿cómo robarle una amante a Lucifer?¿qué era lo más apreciado para el? yo lo sabía.

Subí a la tierra en forma humana, al lugar más poderoso que encontré, mis vestidos blancos como un ángel se remataban en una franja dorada alrededor de mi cuello, la cual colgaba en mi pecho. Un gracioso gorrito coronaba mi cabeza escasa de cabello blanco.

Salí al balcón rodeado de mi gran séquito, la multitud rugía encandilada por mi presencia. La gran plaza estaba abarrotada esperando mis palabras, Italia es hermosa en primavera.


- In nome del figlio padre e spirito santo. Amen - pronuncié persignandome.


La Plaza de San Pedro cobró vida mientras todos seguían mis palabras. Eso solo fue el comienzo; mis obras, mis consejos, mis enseñanzas hicieron que los creyentes se multiplicaran por millones, todas las almas eran entregadas al Señor de los Cielos. Casi nadie pecaba.

Dejé pasar unos años, que para mi eran segundos, escondido en mi disfraz de carne y volví al infierno, a mi eterno mundo, a mi hirviente círculo. Me acerqué a mi amo, a mi señor; Lucifer me miró con los ojos más infernales que pudo tener y me tomó en una mano abriendo su boca para tragarme entero. 


- Si no me la entregas, el infierno quedará vacío, pues ya aprendieron de mi allá en la tierra, sólo yo puedo descarriarlos de nuevo y sólo debes dármela - lo miré soberbio.

Samara me fue entregada con todo el odio que en el infierno se pueda tener, pues Lucifer lo que más aprecia son las almas impuras. Solo tuve que dejar mi disfraz de carne, lo deje actuar como él mismo, como un hombre cualquiera. Poco a poco la humanidad se decepcionó de su antiguo pastor y se multiplicaron una vez más los pecadores, rebasando los infernales niveles.

Poseí a Samara de todas las formas imaginables. Practicamos todas las depravaciones conocidas. Mis patas de cabra me hacían tener la fuerza para penetrarla sin parar y sin cansarme, su cuerpo acostumbrado al libertinaje aguantaba todos los castigos, no había golpe, mordisco o latigazo del cual se quejara. Nuestros mas oscuros y perversos sueños eran poco a poco cumplidos. Creo que mi parte animal la exitaba mas, mis bramidos durante nuestros encuentros la hacían gemir casi tan animal como yo.

Pero el rey del averno no es de ninguna manera justo, nos exilió a un mundo mucho peor y juro volvernos a ver. Nos hecho a la tierra nuevamente. Nos comprometimos entre nosotros a engañarlo y portarnos de forma que en nuestra furura muerte no volvieramos al mismo sitio.

Pero los monstruos son siempre monstruos y cuando menos pensamos yo ya tenia la cabeza de un niño entre mis manos y ella sentada sobre el padre de éste, le abría el pecho con unas tijeras antes de que el tipo, con la bragueta abierta, se diera cuenta que la promesa de sexo sádico, no se cumpliría.