Mendiel

Compartiendo escritos sin osar llamarme escritora.

Noticias y comentarios personales

Hasta la Muerte

Escrito por Mendiel 29-01-2015 en terror. Comentarios (0)

En aquel viejo convento yace muerta, yace fría

Una joven religiosa de albos tules ya vestida

No se mueve, no respira, ya no ronda por la vida.


La belleza de la niña,  aun luce inalterada

Aunque pálida e incólume, su piel sin mancha quedaba

Los cirios alrededor, brillan en un baile santo

Formando sombras eternas al ataúd rodeando.


De repente de algún lado, un joven monje salió

Se acerco a la religiosa, sus blancas manos besó

Toda la tristeza y pena, en su rostro se mostraban

Como gime, como llora, al ver a la desdichada.


Se arrodilla al lado del cuerpo de la virgen fallecida

Tiemblan sus manos y labios al mirarla  allí tendida

Y pronuncia balbuceando con la mirada perdida:

"¿Por qué Dios, por que llevarla, por qué no acabas mi vida?"


Y como un blanco fantasma, como un orate sin mente

Besa a la muerta en los labios, en el rostro y en la frente

Abraza a la yerta dama, rodeándola con dulzura:

"No te mueras, no me dejes, no me des la desventura"


"Abre los ojos mi vida, lléname de tiernos besos

No dejemos que tus padres nos separen como antes

Que porque no nos amemos te llevaron al convento

Sin pensar que aquel encierro para ti seria un tormento"


"Llévame por favor Dios, te ofrezco mi alma inmortal

Pero deja que ella viva, que ella goce de la vida

Que sea feliz con alguien que la ame como yo"

Y con un beso en la boca, su ofrecimiento selló.


Al día siguiente el sol, brilló sobre el campanario

El cuerpo del joven monje yacía desfallecido

Al costado de su amada, lo encontraron ya tendido.


Murió de tristeza y llanto, de pena y desolación

Se fue con su bienamada, juntos con adoración

Muertos en el mismo lecho, siempre unidos dormirán

El monje y la joven dama para siempre yacerán.


Niño Diablo

Escrito por Mendiel 28-01-2015 en terror. Comentarios (0)

Ya nació el niño Jesús

Todos arman una fiesta

La comida es la que sobra

Con la familia completa.


En mi rincón de la sala

Yo los miro conversar

Todos se me acercan pronto

Y me quieren saludar.


- Pobrecito es el Dieguito

- Pobrecitos sus papás!

- El niño es un pobre idiota,

  Ni siquiera puede hablar.


Mi saliva escurre lento

Por mis labios entreabiertos

Mientras mis voces festejan

Dentro de mis pensamientos.


- Si les gusta hablar de mí,

A estas viejas amargadas

Ya verán que es Navidad

En esta noche estrellada -


Siete, mi gato parlante

Vestido de Papa Noel

Juguetea en mis neuronas

Y parece un cascabel.


- El árbol esta encendido

Como el resto de las luces

Y se están recalentando -

Me dice Siete jugando.


Desde afuera miro el fuego

Como se consume todo

Las puertas están cerradas

Y las ventanas selladas.


El niño Jesús nació

Un milagro ocurrió en mí

Y por primera vez hablo:

- Ya nació el niño diablo.


Mordida

Escrito por Mendiel 28-01-2015 en terror. Comentarios (0)

- Que hace caminando sola?

- Regresando a mi cada señor, acaba de terminar la función del Freak Circus.

- Pero esta calle es muy solitaria, no debería ir sola.

- Conozco estas calles muy bien .... no se preocupe señor ... No se me acerque así por favor.

- Solo soy cortés señorita.... Vamos ... No camine tan rápido .

- Mi padre y hermanos me esperan en la esquina.

- No veo a nadie.... Sera mejor acompañarla... A menos que me tema.

- Por que debería temerle?

- Porque quiero asesinarla, quiero arrancarle la piel y beber de su sangre. Puedo perforar su arteria carótida y vacear su cuerpo en un instante, témame porque su existencia está en mis manos.

Posare mis labios en su cuello y sentiré su piel latir, sentiré el torrente de su circulación y el sonido de su corazón palpitante llenará mis oídos, entonces hincare mis colmillos en su cuello sintiendo el brote de su tibio flujo carmesí llenando mi boca, pasando por mi garganta, bañando mis órganos secos y abriendo mis venas muertas cual río resucitante.

Hundiré mi cuchillo entre la piel y sus músculos y los separare palmo a palmo, la imagen de su cuerpo en carne viva saciara mis instintos, el rojo intenso de sus músculos desnudos se reflejará en mis muertas pupilas obligándome finalmente a llevarme un pedazo de usted conmigo en mi última acción de amor hacia el ser humano que una vez fue.

Ahora corra!! Que el acecho y la cacería me excitan más!! ... vamos huya!! ...que solo ha avanzado unos pasos.

- N..no existen los vampiros ni otro ser que haga lo que usted dice señor.

- Querida, nuestro mayor poder es que nadie cree en nosotros. Así que ... trate de salvar inútilmente su vida antes de que éste ser inexistente tome su vida y.....algún órgano.


Besos Humedos

Escrito por Mendiel 28-01-2015 en terror. Comentarios (0)

El cabello blanco de mi bisabuela se movía al viento mientras la observaba ahí echada inmóvil, rígida, sin vida.

Su piel pegada a sus huesos, producto del rigor mortis, le daban a su cara ese aspecto cadavérico clásico de los fallecidos en las películas de terror. No era un cadáver bonito, de esos que "parecen tan solo estar durmiendo" y dan la impresión de que fueran a levantarse en cualquier momento. 

A pesar de haber muerto hace unas horas, aún estaba en su cama, todavía no habían ido a prepararla para el ataúd. Las ventanas abiertas dejaban pasar el tibio aire de enero y la habitación iluminada daba a todo el espacio un ambiente de paz.

Desde la puerta, yo veía todo el movimento, no quería acercarme a ella. Recordaba sus manos delgadas y huesudas siempre frías tocandome la cabeza, era cariñosa pero yo no lo sentía así porque estaba mas preocupado en su sonrisa desdentada que se me acercaba para besarme y dejarme su espesa saliva en el rostro, mientras mi mamá me agarraba para que yo no corriera.

No era cruel, era solo un niño. Hasta ahora siento su aliento cuando me hablaba tomandome las manos, no era totalmente desagradable pero tenía un olor a humedad, a guardado, a vejez. El dedo meñique de su mano derecha estaba doblado hacia adentro porque su perro la mordió cuando lo agarró para ahorcarlo, el animal había botado el balde de leche que ella había conseguido para ir a vender. Nunca se lo había perdonado, pero mas grande fue el temor a la golpiza que el amor por el can. Lo colgó de un árbol.

Pasaron los minutos y llegaron los de la funeraria, el velorio sería en casa, todo olía a café. Felizmente no volví a ver a mi bisabuela hasta que ya estuvo en su último tálamo. Todos se acercaban llorando y diciendo cosas buenas de ella, hay que fallecer para conseguir eso.

Yo me entretenía caminando entre la gente empujando a la muchedumbre que seguía llegando. Estaba por salir de la casa cuando mi mamá me jalo del brazo y me cargo llevándome hacia adentro, en el camino varias tías gordas y flacas me palmeaban las mejillas diciendo lo grande que estaba y como me parecía a la muerta. 

Poco a poco me di cuenta a donde se dirigía mi madre, al centro de la sala, ahí por donde tantas veces había corrido para escondeme de los besos húmedos y sin dientes de mi bisabuela.


"Ahhh que amoroso, le dará el último beso a la abuelita" - oí horrorizado tratando de bajar de los brazos de mi madre que me apretaban cual tenazas de metal. 


No quería mirar, pero volteé hacia el ataúd abierto, mientras escuchaba los murmullos, como zumbidos de abejas, comentando lo dulce de mi acción.

Mi madre me acomodó en sus brazos inclinándose hacia el ataúd, hacia el rostro plomizo y huesudo de mi bisabuela, volteé el rostro para no acercarme más, pero una de mis tías, ayudando a mi madre, me tomo del mentón dirigiendolo hacia el frente, mis labios tocaron la boca fría y seca, esta vez, de la autora de mis pesadillas nocturnas. 

Como en cámara lenta la sensación de aquel beso duró segundos, horas, dias, años. Olí su boca muerta, vi, casi tocándolos sus ojos hundidos y sin vida, mi piel lozana y tersa rozó la suya ajada y seca. El olor de las velas y el formol llenó mis sentidos asfixiándome.

De nuevo en el piso, caminé hacia mi cuarto y cerré la puerta tras de mi. Echado en mi cama miraba la oscuridad de la noche, me cubrí con la sábana blanca bordada para calmar el escalofrío que acababa de sentir. Estaba ya con los ojos entrecerrados, cuando escuche el chirrido de mi puerta al abrirse, no miré, seguro era mi madre con alguna galletita, estiraba mi brazo para tomar una de ellas cuando esas frías y huesudas manos tocaron mis pies y levantaron la sábana hasta mi cuello arropándome. Un beso húmedo mojó mi frente. La mamita Fernandina seguiría siendo la protagonista de mis pesadillas.

Voces

Escrito por Mendiel 28-01-2015 en terror. Comentarios (0)

La lluvia caía insistente en diminutas gotas brillantes, el viento movía las ramas de los árboles haciendo que chocaran contra mi ventana no dejándome dormir. Me tapé hasta la nariz con las mantas, la humedad y el frío condensaban mi respiración formando nubes de vapor que salían de mi boca. La oscuridad era impenetrable, apenas mancillada por la luz opaca que entraba a través de la ventana empañada.

Los golpes en el vidrio evidenciaban la fuerza del viento que agitaba las ramas, pero, recorde, no existia ningún árbol cerca a mi ventana.

Me hundí aún más en la cama sin atreverme a mirar hacia la ventana, un escalofrío recorrió mi espalda y sentí mi frente crisparse humedeciendose de sudor frío. En ese momento lo escuche, me hablaba al oído como hace muchos años antes :"Diego, acá estamos, nunca te dejamos, haz crecido"

Me sobresalte terriblemente, mi cuerpo se paralizó, abría la boca en un grito silencioso, mi garganta seca no emitia sonido alguno, mi corazon desbocado latia en mis oidos, miraba la puerta de la habitación buscando ayuda pero la veía alejarse cada vez más. Me senté en la cama haciendo el más grande esfuerzo :"ahora síguenos, nosotros no somos de los que debes temer". Un recuerdo infantil brilló en mi mente entre todo el cúmulo de emociones que se atropellaban en ella; siempre ocultándome de las sombras, no queriendo escucharlas, las voces buenas y las voces malas, siempre ganaban las buenas, las obedecía, este era el mismo caso, querían salvarme nuevamente.

"Vamos Diego, te alcanzarán, párate y síguenos".

Me puse de pie siguiendo a la voz que insistía apurada. Salió por la ventana esperándome "No pasará nada, es la única forma de salvarte".

Abrí la ventana saliendo por ella, mi cuerpo sintió el vacío al caer, el viento hizo volar mi cabello, el piso se acercaba mientras esperaba que ellos me salvaran. El sonido de mis huesos quebrandose me sorprendió, no lo esperaba; el sabor a hierro de la  sangre inundó mi boca, mi vista se iba nublando mientras cada vez más débil escuchaba : "ganamos esta vez".