Mendiel

Compartiendo escritos sin osar llamarme escritora.

Noticias y comentarios personales

Pájaro Negro

Escrito por Mendiel 26-04-2015 en pajaro. Comentarios (0)

El pájaro negro se posó en su nuca picoteandola, ella lo espantó al sentirlo. Era pequeño y delgado, su plumaje de un negro profundo lo hacia relucir en el paisaje opaco del invierno.

"Mátalo, mátalo" gritaba la vieja desdentada "mátalo antes que se vaya, si no lo haces, tu hermana morirá joven, ese pájaro es el precursor de la muerte!!" chillaba la anciana.

Mi hermana y yo nos fuimos del lugar sin hacerle caso a la vieja y sus historias. Nos alejamos corriendo de ella mientras escuchábamos su voz ir desapareciendo "mátalo, ella morirá joven".

Nos miramos riéndonos y llegamos a la casa jugando, olvidándonos del asunto del pájaro y así seguimos nuestra niñez y luego, cada uno, nuestras vidas.


Años pasaron para volvernos a ver. Yo iba a visitarla al hospital donde estaba internada de una extraña enfermedad que consumía y licuaba sus órganos por dentro, sus líquidos vitales, incluyendo su sangre, brotaban por cada cavidad que poseía. Verla horrorizaba, su piel plomiza acentuaba más el hundimiento de sus ojos sobre una piel teñida de los surcos que dejaba la sangre al escurrir por sus ojos, fosas nasales, boca y oídos. Nadie imaginaria que solo tenia 21 años.


La visité hasta el último día de su vida. Esa mañana llegué a la llamada desesperada de mis padres, ella ya se estaba despidiendo como solo lo saben hacer los moribundos. Tomé sus manos, tan pequeñas que se perdían en las mías, las bese sonriendole, me devolvió una leve sonrisa con todo el amor reflejado en sus ojos y cerró los ojos con una exhalación profunda. Lloré sobre su pecho, inconsolable y deprimido, mi pecho agitado por el llanto, no me dejaba escuchar más que mis propios gemidos de dolor. Cuando escuché los golpes en la ventana, eran golpes seguidos e insistentes. Levanté la mirada buscando su procedencia, cual no sería mi espanto al ver al causante de los golpes.


Era un pequeño pájaro negro, pequeño y delgado que picoteaba la ventana llamando mi atención. Recordé a la vieja y su advertencia, me maldije por no haberlo matado cuando pude y me abalancé sobre el. Chilló con un sonido agudo y se alejó volando a pocos metros de mi.

Pasaron días desde su muerte. Ninguna de las noches concilié el sueño. Los ojos amarillos del pájaro me seguían y su graznido no me abandonaba en ningún momento. La falta de sueño ya se me iba notando en mi físico, mi debilidad y mi falta de concentración. Los ojos del ave aparecían gigantes ante mi persiguiendome en caminos oscuros y sin fin mientras su chillido perforaba mis tímpanos convirtiéndose en una voz rasposa "mátalo, mátalo!"


Mis días pasaban ahora entre las paredes blancas y acolchadas de mi cuarto, no habia pasado ni un año de su muerte. Salía a caminar una hora por los jardines de la institución, era un paciente "francamente en recuperación", ya podía pasear solo. 


Unos agudos picotazos hirieron mi nuca, golpeé fuertemente con la mano al culpable, el pájaro me miro agónico desde el pasto graznando con ese sonido agudo que me había perseguido todos esos meses: " los gemelos corren la misma suerte" fue lo último que escuché antes de que los latidos de mi corazón ya no se oyeran.

Consulta Psiquiátrica

Escrito por Mendiel 25-04-2015 en locos. Comentarios (0)

Sentado aquí esperando mi consulta con el psiquiatra, me aburro mirando el techo blanco del hospital. Saco las cosas que encuentro en mi bolsillo para entretenerme: pelusa, un boleto del bus, mi monedero casi vacio y un recibo de pago de la consulta que dice "4", es mi numero de turno, osea que soy el cuarto loco que escuchara el doc. Es una buena noticia, no me recibirá muy cansado. Alrededor mio, cinco seres insanos como yo completan mi grupo de espera. Las personas van y vienen por el hospital y al llegar a esta área se alejan un poco de las sillas de espera cerca al cartelito blanco con bordes negros que dice "Psiquiatría", seguro piensan que nos lanzaremos sobre ellos para comernos sus cerebros. Pero es que no somos zombies, solo estamos locos!!!

Me llaman para pesarme mientras llega el galeno, no le encuentro sentido, ¿tal vez el cerebro de un ente sano pesa menos o mas que el nuestro y nos quieren comparar?

Definitivamente el nuestro debe pesar más, la masa encefálica de nosotros, pobres orates, esta llena de mundos, de lugares, animales y seres imaginarios, según todos, que viven en nuestra materia gris y que, en la mayoría de veces, se mudan sin aviso entre nuestro lobulo temporal y parietal, no hay lugar mas cómodo. Así que debe tener más peso con todos esos inquilinos.

Al fin llegó el doc, tiene más canas que la última vez y eso que lo veo seguido, debe ser de tanto escucharme.

Entro al consultorio después de escuchar mi nombre en la sonora voz de la enfermera y con desgano me siento en una silla marrón de fierro. 


-"¿Cómo esta usted Diego?" escucho apenas me siento. 

-"Bien, bien" respondo sin siquiera ser mirado. 


El doc mira la pantalla de su portatil MAC plateada mientras me conversa sin verme. Me pregunto si los bordes de esa maquina tan delgada serán tan finos como para funcionar como una guillotina si se le presiona con la suficiente fuerza. La enfermera, sentada detrás de mi en una pequeña mesa de madera, como una automata, toma nota de todo lo que digo.


-"¿Qué te dicen tus voces internas?¿aún esta Siete ahí?" me pregunta pensando que soy un traidor y que acusaré a mi querido gato. 

-"No, el ya no está, se fue hace mucho, pero dejó a Veintidós, no quería que quedara desamparado" contesté asegurándome que él sepa que Siete era lo suficientemente generoso y cuerdo para un acto así.

-"Mmm" expresó "¿Que clase de ser es Veintidós, quizás otro gato?" inquirió. 

-"Así es, es usted muy intuitivo, Veintidós es mayor que Siete y mas peludo.....y es blanco".

-"Blanco....seguro da muy buenos consejos ¿no es así?" me mira interrogando. 

-"Todavía no me habla mucho, salvo con una idea que me acaba de dar sobre su laptop" sonrío "el a veces trae un amigo y corren alrededor".


No se porque desde niño me traen siempre con el mismo doc y me hace casi las mismas preguntas. El conoce bien a Siete, a Viernes y ahora a Veintidós. Cada sesión me pregunta más detalles sobre lo que me dicen mis voces y quiere que desmenuce cada idea. A veces pienso que lo goza.

El galeno abre sus ojillos brillantes e interesados.


- "¿Y que idea te ha dado Veintidós sobre la laptop, cuéntame sobre ello" comienza a preguntarme. 

-"Solo son cosas de él, le llamó la atención su delgadez y los bordes que parecen hojillas" le respondo aburrido.

-"Interesante, y que pensaba sobre ella, ¿qué era filosa quizás?¿qué podía cortar algo?" se me acercaba cada vez más sabiendo que no me gusta la proximidad de nadie 

-"Si, ¡una cabeza!" le respondí casi gritando, cansado de sus indagaciones,  al mismo tiempo que me levantaba de la vieja silla y lo empujaba, callendo él al piso, indefenso. Me acerqué y al pasar junto a el, lo pateé antes de salir del consultorio dando un portaso.


Al tercer paso fuera de ahí, escuché un grito ahogado y un golpe seco, miré hacia la puerta del consultorio que se iba abriendo, una mancha de sangre chorreaba desde el vidrio de ésta hasta el piso, el buen doctor aparecia ante mi con la delgada MAC ensangrentada en sus manos, mientras la cabeza de la enfermera de voz sonora rodaba chocando contra mis pies.


Astronauta

Escrito por Mendiel 23-04-2015 en astronauta. Comentarios (1)

La nave nodriza se quedo fuera de la atmósfera, nuestro pequeño cohete descendió como decenas de otros en diferentes zonas del tercer planeta.

Mis progenitores me dejaron bajar con ellos así como a mis 37 hermanos y hermanas, eramos la familia promedio de Kropus, mi hogar.

Siempre fui aventurero a pesar de mi corta edad, apenas 206 gruples, fui descubriendo esa superficie seca y monótona, todo era del mismo color, sólo se diferencia en que hay lugares que suben y bajan como montículos grandes. 

Mis hermanos corrían en grupo, yo preferia explorar solo. No estaríamos por mucho tiempo, les tomaba, a mis padres,  solo unas horas recoger las muestras que necesitaban.

Subí como pude el montículo más grande que encontré para ver como se veía ese mundo desde lo alto. 

La gran bola incandescente brillaba muy fuerte en ese extraño cielo azul, me cegaba mientras bajaba de donde había subido. Mi bota resbaló y  rodé golpeando mi casco con una parte muy dura de esa tierra.

Abrí los ojos, el extraño cielo azul se había convertido en un aún más extraño cielo anaranjado, me incorporé como pude, el casco no se había roto y podía respirar, tenia reserva para unos días más. Me apuré en buscar a los míos, no se quedarían por mucho. Caminé lo más rápido que esa atmósfera me permitía.

Nadie! Ninguna nave! Ninguno de mis hermanos!

¿Qué haría ahora? ¿Cuando se darían cuenta de que faltaba?¿lo harían?

Me quedé en el mismo sitio esperando, mirando las diminutas formas de vida que encontraba arrastrándose. 

El cielo se puso oscuro por un tiempo para volver a ser azul. Seguí esperando, el cielo se oscureció y aclaró dos veces más. Tenía que hacer algo para que me encontraran cuando  pasaran nuevamente por ese planeta azul.

No dibujaba muy bien pero hice lo posible, creo que podrán verlo desde el cielo.

Tres cambios más del color del cielo. Me cuesta respirar. Mis ojos están secos, trato de que mis pensamientos lleguen hasta cualquiera de mi especie, creo que no vieron mi dibujo.

Me acostaré, mis cortas piernas estan cansadas y mis grandes ojos me pesan, es raro, todo se esta poniendo oscuro antes de lo usual, casi no respiro, descansare, sólo espero que pasen antes de que mi dibujo desaparezca, los dibujos no duran para siempre.

Prontas Fiestas

Escrito por Mendiel 23-04-2015 en decoracion. Comentarios (0)

En la noche de año nuevo

El nuevo siglo nació,

Y esta fiesta se alegraba

Con música, baile y pasión.


Ningún ser sobre la tierra

Escapaba del festín,

Los vivos van bailoteando

Y los muertos van penando.


Los vivos cuelgan guirnaldas

A cual más alegres mil,

Y en las casas se cocina

Pavos, carne y perejil.


Los muertos los ven de lejos,

Confundidos entre ellos,

Ellos también decoraban

Con lo poco que encontraban.


Uno de estos esperpentos,

En una forma especial,

Decoraba la alta cerca

Alrededor de su hogar.


Colgaba largos pedazos

De piel recién arrancada,

Y las cabezas clavaba

En las puntas que quedaban.


Las tripas se suspendían

Entre madero y madero,

Las cuales se sostenían

Entre pies, manos y dedos.


La sangre que destilaban

Terminaba el ornamento,

Entre cuerpos empalados

Vivos no por mucho tiempo.


Y así miraba orgulloso

El decorador sin vida,

Era la decoración

De un vampiro empalador.


Leguleyo

Escrito por Mendiel 23-04-2015 en diablo. Comentarios (0)

Don Anastasio Mendiola era por épocas de la colonia española un leguleyo reconocido en Lima, así, versaba de mucho conocimiento sobre temas legales, más era su viveza criolla su mayor talento.

Don Anastasio no había sido favorecido al repartirse la belleza, pues era él bajo de estatura, entrado en carnes y más feo que maldición.

A pesar de ello, estaba enamorado locamente de Aurorita Villegas, una hermosa limeñita de veinte abriles, linda como la primavera, a la cual le triplicaba la edad.

Confiado en su conocido renombre, se atrevió a confesarle su amor a la mocita, la cual lo despreció riéndose cruelmente. El pobre sexagenario regresó a su hogar más encolerizado que abatido, jurando un día, hacerla su esposa.

Cuál no sería la sorpresa de la sociedad limeña al ver, a la semana siguiente, al viejo verde caminando orgulloso del brazo de Aurorita, su flamante esposa. La niña se derretía en cariños y alabanzas hacia su decrépito cónyuge. Lo atendía con todo el amor de la más devota esposa.

Todos, en Lima, indagaban a este disparejo matrimonio sin encontrar alguna situación extraña en la pareja.

Mas al cumplirse el año de esta unión, Aurorita salió corriendo horrorizada y deshecha en llanto de la casa matrimonial para ya no regresar.

Su primo, Antonio Villegas, intrigado por este echo, llegó a la casa de los esposos, ya muy entrada la noche, para encarar al tinterillo, pero al llegar, vio que éste salía presuroso. Lo siguió hasta un terreno baldío alejado de la ciudad y se escondió entre las sombras de los arbustos.

A los cinco minutos, la tierra, delante del viejo Anastasio, se abrió, saliendo de ella un brillo resplandeciente y lenguas de fuego. Del hueco ardiente, emergió el mismísimo Lucifer que acercándose al tinterillo, le habló:

- "Que puntual sois Don Anastasio, ¿ya tan pronto quereis entregar tu alma?"dijo el diablo mirándolo burlón.

- "Un contrato, es un contrato vuesa merced cornuda, vengo a pagaros mi deuda entregando mi pobre almilla por este año inolvidable que me dio a cambio de ella" dijo el leguleyo comenzando a desvestirse.

- "No se desvistáis viejo que bien puedo llevármelo así vestido al averno" pensó el diablo regocijado en que el hombre despreciara tanto su alma, que la llamara almilla.

-"No es posible pagarle sino me desvisto" insistió el don, terminando de sacarse la última prenda, una camiseta vieja y surcida la cual entregó al demonio que lo miraba sorprendido.

-"¿Qué le pasa vejete? ¿está loco? ¿qué haré yo con este harapo?" replicó acercándose para llevárselo.

- "Disculpe su diableza, pero con esto queda saldada mi deuda con usted. Si lee el contrato que fue revisado por ambos y firmado con sangre, dice claramente que yo le entregaré mi almilla en un plazo de un año por los favores recibidos"

Hizo aparecer el contrato de entre sus dedos el molesto demonio y efectivamente decía que le entregaría su almilla a cambio. Se sabe que Lucifer a pesar de ser el ser más corrupto que existe, respeta y cumple con los contratos por almas, pues si no fuera así, nadie más se la ofrecería a cambio de favores.

Satanás tomó la vieja prenda a regañadientes y regresó por donde vino llenando de insultos y maldiciones al tinterillo que se vistió y regresó triunfante a su casa.

Detrás de los arbustos, Antonio, sonrió recordando que almilla se le llamaba a la camiseta interior que se llevaba debajo de las prendas diarias.

Regresó a la ciudad habiendo resuelto el misterio del matrimonio de Aurorita y sabiendo porque desde ese día los abogados no entran al infierno.